La
Cabeza del Aguila llega a los 1006 metros, de fuerte desnivel en la cara sur
y sin embargo, por al Norte se extienden unas formaciones montañosas de considerable
altitud y perfiles suaves.
El
roble y el castaño llena las cumbres que separan el Tajo y Guadiana, donde se
dan las mayores alturas; tierras muy fértiles donde la espesura hace imposible
el caminar.
Después
de una transición de alcornoques salpicados de pinos llega la encina
que se hara reina extendiéndose por kilómetros de auténtica selva virgen.
Hacia
el este la pizarra compite con la cuarzita; en la cuenca del río Guadalupejo
el monte es duro, las pendientes pronunciadas y la disposición de los valles
bastante compleja. Dehesas donde las especies vejetales y animales encuentran
acomodo para la vida, perdidas entre el monte de la Brama y la sierra Palomera.