En la Tradición local encontraremos numerosas muestras de las culturas que a lo largo de los tiempos han impregnado el ser del "Calabrés". Algunas, las más, se han quedado atrás, otras siguen vigentes y muchas han sufrido transformaciones para adaptarse a los nuevos usos:
| -Folklore |
| - Bodas |
| - Cencerrás |
| - Poesías |
| - Juegos de antes |
| - Remedios de la Abuela |
| - Matanzas |
| - Diccionario antigüo |
| Folklore |
Sin tener un traje típico específico, las mozas calabresas usaban refajos de color verde, azul o marrón, con bordados de seda. El pecho lo cubrían con una toquilla de flecos. |
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| Habia canciones
de ronda:
“Catalina María Márques |
Las había irónicas de unos pueblos a otros. Esto era muy corriente: “El castillo de Herrera |
Las formas de ensalzar al propio pueblo zahiriendo a los colindantes: En Peloche, no hagas noche; |
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Y coplas que juegan
con los toponímicos.
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Jota Calabresa
La primer clavellinita Vecinos y moradores (bis) Allá va la despedida
(bis) |
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| Celebraciones de Bodas |
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Para establecer relaciones amorosas se hacían muchas veces por medio de personas ajenas a la familia, que dedicaban gran parte de su vida a estos menesteres, bien por cortedad de los novios o por conveniencias paternas en hacer matrimonios acomodados. Cuando los futuros novios se decían algo, ya sabían por anticipado, en muchos casos, a qué atenerse, pues iban debidamente ilustrados por la familia, previa intervención de las “correveidiles” de turno. Para establecer relaciones entre las clases pobres, en ocasiones se utilizaban unos versos, evitando con ello tener que inventar un párrafo amoroso: Me quieres, mantuja? En las bodas se tiraba la casa por la ventana para celebrar la fiesta. Era un derroche quizá consentido ante la idea de que desde aquel día en cada casa se quitaban una boca de encima para mantener y una persona para vestir. Las bodas, hasta los años treinta, duraban tres años seguidos, con tres comidas diarias para muchos invitados. Los platos que se servían eran fuertes y alimenticios: cocido, huevos rellenos, perdices, cabrito, etc. Y la riquísima dulcería calabresa. Posterior a los años 30, la fiesta duraba solo un día. Actualmente, está reducida a una sola comida. La incrustación del novio y de la novia en las familias
de las que cada uno procedía, una vez casados, era intensa. Se
consideraban como uno más para tomar decisiones. |
| Las Cencerrás |
| Se producían cuando había un casamiento raro: viudo con soltera, soltero con viuda, viudos entre sí o cuando se “arrejuntaban” sin previo paso por la vicaria. Entonces se producía la cencerrada, bajaban los cabreros de las majadas y se juntaban, al anochecer, con los mozos del pueblo. Todos juntos y bajo la batuta de uno que llevaba en la mano un pito de cuerno de cabra, se reunían en la plaza. El del pito tocaba el toque de atención y cuando todo estaba en silencio, dejaba de tocar y preguntaba: ¿a que no sabéis lo que ha pasao……….? Sonaban entonces los cencerros, que los había en abundancia y
todos corrían hasta otra plazoleta donde se repetía la acción,
hasta que recorrían todo el pueblo. En ocasiones, la cencerrada
acababa tirando al pilón del agua a los novios y ante el regocijo
de todos los que intervenían en el asunto. |
| Poesías |
| FUENLABRADA Fuenlabrada de los Montes
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A
LAS SIERRAS DE MI PUEBLO
En las hoyas de las sierras Noches de lluvia y de viento |
EL
PASTORCILLO
La vida de un pastorcillo Medio descalzo y desnudo Eran inviernos muy crudos Cuando el invierno se iba Su vida era en el campo Un muchacho cuidadoso Cuando tenía once años |
| Mañanas de primavera
Sacaba el ganado al monte Y bajaba a la pradera. Veía correr riachuelos En los charcos más profundos Se esparcían por los valles |
Eres un pueblo extremeño Pueblo donde yo he nacido A ti te conocí pobre Ahora te veo enriquecido Nadie os lo ha regalado Vosotros lo habéis ganado Ya no hay ricos Ya no hay pobres Estáis todos muy igualados Al venir la democracia Esto también ha cambiado Ahora cogen la alcaldía Los que han sido más votados. Sois un pueblo colmenero Sois un pueblo muy nombrado Si tenéis unos recursos es porque lo habéis sudado. Ya no hay ricos Ya no hay pobres Estáis todos muy igualados Con el volante en las manos Y con vuestros camiones Llegáis a la cooperativa Con la miel en los bidones Y llenos de picaduras Pasando grandes calores Vosotros echasteis colmenas Y habéis salido a flote. Un pueblo de mucha miel Mucha miel y mucho arrope El que ha escrito este poema En este pueblo ha nacido En el campo me crié Y me siento campesino. |
| Juegos de antes |
| La Jurria - Ronrión - El Corcho - La Tía Morcillera - Murciélago - Melón - La Velorta Este juego es parecido al hockey, pero la pelota es de corcho; los palos son curvos como los del hockey; el juego consiste en que todos los jugadores menos el que se queda (previa tirada con los palos respectivos sobre una raya que determina que el que se queda es el dueño del palo más alejado de la raya), han de dar palos a la pelota para evitar que el que se quedó logre meterla en el hoyo, que allí se llama, como queda dicho en el capítulo anterior, joche. Todos van, pues, contra uno, dando fuertes palos a la pelota que rueda por el campo. Si el que se quedó logra meterla en el joche, contra la oposición de todos, han de echar nuevamente a la raya con los palos, desde un lugar determinado de antemano que se llama pate. Si no logra meterla en el joche, pero sí tocar con su palo el cuerpo de otro jugador que haya golpeado la pelota en último lugar, mientras ésta rueda, el tocado se queda, y el que se quedó antes es libre; pero ha de estar rodando la pelota, si no, el toque, no vale. Es un excelente juego para hacer deporte, y exige grande reflejos, sobre todo cuando el que se quedó tiene la pelota cercana al joche, pues a nada más que otro la toque, por la cercanía, puede ser tocado y quedarse él. Cuando el que queda intenta tapar con su cuerpo la acción a los contrarios, para beneficiarse, todos gritan: «Jurrieron, a tu lado», y éste obedece. Como en el anterior, el número de jugadores es ilimitado. Para jugar al ronrión, el que se queda, se llama «madre», y en este caso no es el perjudicado, sino el que rige el juego. Sentado en el suelo toma en sus manos, por el centro, un cinturón, todos los demás, en cuclillas, agarran dicho cinturón. La «madre» comienza recitando. «tengo un árbol de esta manera, que echa la fruta encima (o debajo, según quiera), de la tierra», Y seguidamente añade: «Y es... (aquí alguna pista para determinar el fruto). Los demás van diciendo uno a uno frutos, hasta que uno acierta. En este momento, todos menos el que acierta echa a correr; la «madre» entrega el cinturón al que acertó, que corre tras de ellos azotándolos, en tanto que la «madre» dice en alta voz: «iRonrión, ronrión...! Pero cuando la « madre» cambia sus palabras y dice ¡tabla!, los demás se arrojan sobre el que acertó y lleva el cinturón, tirándole de las orejas; tirones que cesan cuando la «madre» vuelve a decir ¡ronrión!»; así, entre tabla y ronrión abundan los cintazos y los tirones de oreja, hasta que la madre -dice en vez de tabla, «¡tabla de una vez!», y entonces todos vuelven al lugar de origen, recomenzándose el juego con las mismas palabras: Tengo un árbol .... Otro juego veraniego, para antes de cenar. Número de jugadores ilimitado. El que se quedaba, agachábase sobre sus piernas, y otro que le guardaba, ponía la mano izquierda sobre la cabeza del primero, al que se llamaba -corcho-. El juego comenzaba con estas palabras, dichas por el guardián del -corcho-: «Tengo siete años y voy para ocho, el que sea capaz que atope al corcho» Dicho esto, los demás comenzaban a dar tortazos al que hacía de corcho y estaba agachado, pero con el cuidado de que el guardián no les tocara con su mano derecha, sin levantar la izquierda de la cabeza del corcho, pues entonces el tocado pasaba a ser «corcho» y el corcho «guardián»; y así sucesivamente. Jurria corcho y ronrión, son tres juegos viriles, que muestran la fortaleza con que se criaron siempre los muchachos de la comarca. Otro juego también viril, como los anteriores: el que se quedaba, ponía su cabeza sobre la -madre-, que estaba sentado en el suelo, los demás golpeaban rítmicamente en sus espaldas a compás de la -madre-, que iba diciendo: -¡Aceitero¡ palabra que ellos repetían a coro, a la vez que golpeaban las espaldas del que se quedó. Luego proseguía la cantinela: ¡Vinagrero! y golpeaban otra vez: • iTrascorreás!., y otra vez; pero cuando la -madre-decía: -¡amagar, amagar, pero no dar!, alguno daba al decirlo, se quedaba; y lo mismo sucedía cuando más adelante la - madre- cantaba: ¡dar sin reír!, ¡dar sin hablar! y alguno reía o hablaba al golpear. Es un juego que requiere mucha agilidad mental, pues se golpeaba mientras se hablaba, pero de repente había que hablar sin pegar, o pegar sin hablar, y la fuerza de la inercia hacía caer en la trampa. Si todas estas palabras eran dichas sin que ninguno se quedara, la -madre-, y todos a coro cantaban mientras golpeaban la espalda del que se quedó, estas estrofas: «¡La tía morcillera, pasó por aquí, vendiendo morcillas, sabarabatín! !Que se vayan a esconder detrás de la peña de San Miguel! .... Dicho esto, todos menos la «madre, y el que se quedó, corrían a esconderse, y luego, a instancias de la «madre», el que se quedó iba a buscarles, y al que encontraba y tocaba antes de que llegara a la «madre», se quedaba y recomenzaba el juego. Era otro juego muy apreciado por los muchachos. Con grande cañas, esperaban al anochecer el paso de los murciélagos por las calles del pueblo para darles un palo y atontarlos, que no matarlos; de ahí el uso de caña en vez de palo. Mientras estaban a la caza cantaban con un deje especial: -Murciélago ven, con el rabo de la sartén, con el palo de la higuera, yo te daré en la mollera-. Y al que caía, le ponían un cigarro encendido en la boca y pasaban el rato viéndole fumar. Para este juego se necesitaban dos bandos de muchachos: unos eran melón y otros sandía. Solían jugarlo alrededor de los postes de la iglesia. Unos gritaban dando la vuelta al templo: «melón! .... y los otros «¡sandía! .... Y cuando el grupo que salía hallaba al que estaba escondido, éstos llevaban a cuestas a los demás hasta el lugar de salida. Lo bueno es que este juego era augurio de lluvia, sin fallo alguno. Los labradores, que esperaban agua para sus campos, sonreían alegres cuando a la hora de cenar oían a los muchachos jugar a «melón», porque en jugando, lluvia segura aquel mismo día o al siguiente. Alguien pensará que por qué no se les hacia jugar a -melón-, a la fuerza cuando se necesitara agua; pues por la sencilla razón de que «melón», como todas las cosas de la «Psique», ocurren no cuando queremos, sino cuando estamos inspirados; y los muchachos jugaban a «melón» cuando ellos querían, no cuando nadie les mandara. No sabemos si era la cantinela de los chicos la que influía en las nubes o si era el augurio de agua la que influía para que los muchachos jugaran a «melón». Pero lo que si es cierto y está comprobado a través de años y años, generación tras generación, pues lo hemos vivido y lo hemos oído contar a muchos viejos, es que por la causa que fuere, «melón » y lluvia iban estrechamente unidos. Las mujeres decían a voces regocijadas: «¡Chacha, que va a llover, que están los muchachos jugando a -melón-, Y claro, llovía... Y aquí terminamos nuestro trabajo. Deseando de corazón, que el paciente lector haya pasado un rato de regocijo leyendo cuanto le hemos expuesto sobre una comarca extremeña que a través de los años ha sabido guardar, sin por ello dejar de unirse al carro del progreso, sus curiosas tradiciones y su lenguaje popular. varios muchachos hacían sendos montones de piedras en círculo. Cada uno tenía un palo en la mano. El que “salía”, tiraba al aire un palo más pequeño, llamado velorta, y los jugadores intentaban pegar a la velorta con el palo propio, mientras estaba en el aire. Cuando uno lo conseguía, se esperaba a que la velorta cayera al suelo, se medía seguidamente la distancia, y el jugador del montón de piedras mas cercano, tenía que ir por la velorta y recogerla y volver a su montón, para tirarla nuevamente. Mientras iba y venía, los demás jugadores le robaban los cantos de su montón y se las llevaba cada uno al suyo propio. Cuanto mayor montón de piedra se conseguía, mejor jugador se era. Claro que, si mientras se estaban robando los cantos llegaba el que había ido por la velorta y te cogía robando, te daba un estacazo en las costillas. |
| La Matanza Extremeña |
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La matanza extremeña durante los meses de Diciembre y Enero sigue estando presente, aunque el número hoy es mucho menor, alrededor de 50 matanzas, hace unos años eran mas de 200. Se hacen morcillas: de sangre, de arroz, de calabaza, de patata; chorizo, salchichones, el lomo una vez frito se conserva en aceite, y salan los jamones. Durante los días que dura la matanza no faltan las migas, plato que se come habitualmente en todos los hogares. Antiguamente, los muchachos jugaban al “merceor”, que se hacia con una soga atada a la rama de una encina. Los mayores, después del trabajo del día y de la cena se divertían vistiendo a uno de “tarara” y cantando coplas. Los habitantes de Fuenlabrada pagaban su estipendio por cada cerdo que tenían, y una persona llamada el “porquero” cuidaba de los cochinos durante todo el día. El porquero recorría las calles del pueblo por la mañana temprano tocando un cuerno, a cuyo reclamo, la gente iba echando los cerdos a las calles, formando una piara de centenares de ellos que iban a bañarse, a comer y a hozar a los terrenos comunales y ejidos de las afueras del pueblo. A la puesta de sol, el porquero daba suelta a los cerdos, que acudían cada uno a su casa por sus propios medios y sin equivocarse jamás. En la piara iba siempre un “verraco”, propiedad
del municipio, que tenía la misión de “cubrir”
a las cerdas, cobrando el porquero una cantidad por cada una que quedaba
preñada, con cuyo aporte el Concejo cuidaba de alimentar al verraco,
que dormía en un corral especial, propiedad del municipio.
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| Los Remedios de la Abuela |
| Para llevar un cierto orden de la exposición dividiremos los remedios caseros en dos grande grupos: el de las enfermedades curadas por motivos mas o menos “científicos” reconociendo el poder curativo de las plantas u otros procedimientos, y el de las que podríamos llamar "psico-somáticas", curadas o remediadas utilizando curiosísimos procedimientos. Veamos algunos ejemplos del primer grupo;medios mas o menos científicos:
Pero la más curioso y sorprendente son los amuletos que aún en número considerable circulan de unos en otros. La mayoría de ellos "llevan entremezclada la cruz y la media luna, influencia sin duda, del pueblo musulmán. Sus poderes ocultos son variadísimos: Una media luna con extraños grabados es usada para evitar los hechizos y proteger de ellos. Este amuleto necesita una preparación previa para que posea poderes. Debe llevarlo una joven soltera a los Oficios del Viernes Santo y en el momento de la Consagración, sostenido por los picos con ambas manos a la altura de los ojos. Se usa colgado del cuello con un cordón de lana. Otra media luna con perfil femenino protege de los cambios de la Luna y cura los pechos «alunados» (mastitis). Una cruz de encina pendida en la faja de los niños junto a una bolsita que contiene «los evangelios» (papeles con extrañas oraciones) les protege de embrujos en los días anteriores al bautismo. También cuelgan de la muñeca de los niños una especie de pezuña de caballo, en plata y alabastro para protegerles de los hechizos. Una cruz de «zarza macho» (que no da flores) cura la tuberculosis (el «mal-malo»). Media luna de raíz de retama macho colgada con un cordón de lana, acelera las menstruaciones tardías. La llamada «Cruz de San Nonato» de encina, colgada del cuello de las parturientas les evita el mal parto. Otra extraña cruz de hierro, con media luna rematada en una especie de punzón, protege de los pechos «alunados» a las madres lactantes, si se la cuelgan entre los pechos con" un cordón de lana. Una media luna de cobre, rematada con una cruz latina, atenúa los dolores reumáticos del hombro. El axilas inferior de un erizo macho colgado de su cuello, les ayuda a una dentición perfecta. La «Cruz Caravaca», anuncia las tormentas cuando se despegan las dos mitades de que se compone y protege de ellas. Las llamadas «puntas de rayo» (hachas del neolítico) por creer que son las puntas de la chispa eléctrica, también son usadas para protegerse de las tormentas. Cuando la medicina se muestra inoperante ante algunos males, generalmente de origen psico-somático y cuando comienzan a manifestarse mediante pérdidas alarmantes de peso, inapetencia, insomnios alucinaciones.., el diagnóstico popular es tajante, ¡Hechizo o embrujamiento! Entonces se recurre a los amuletos que a veces sorprenden por su efectividad. ¿Curan verdaderamente estos amuletos? La fe en ellos puede obrar sin duda el prodigio. Ya lo decía Cristo en sus curaciones milagrosas: «Tu fe te ha salvado». |